Hoy la Policía ha detenido en su domicilio al fotógrafo freelance Raúl Capín, colaborador de Diario Independiente Digital y Mundo Obrero que ha dado cobertura a las últimas manifestaciones de Madrid y a los escraches más sonados. A Capín, acusado de desacato a la autoridad y desórdenes públicos, le han detenido por hacerle fotos a ese hilo caliente y tenso que separa al pueblo de la UIP, mensajera a palos del poder.

A su arresto ha contribuido también la “cobertura” que los periodistas corporativos (que no corporativistas, ya que en este caso el adjetivo se refiere a las corporaciones mediáticas que tienen detrás) han dado al fenómeno de lo que ellos han denominado como “fotógrafos radicales infiltrados”. Y es que algunos periodistas se creen que, por trabajar en un medio de comunicación del establishment, tienen algún tipo de categoría especial o licencia administrativa que les diferencia de otros profesionales (o no necesariamente profesionales) de medios alternativos. Los mass media, controlados por los mismos que manejan los hilos del poder político, confieren a sus ejércitos (cada vez más diezmados y por ello sumisos) de informadores una suerte de patente de corso que, consciente o inconscientemente, les hace creer que son mejores deontológicamente.

Estos periodistas, espoleados por la mano que les mece la cuna, tienen la desfachatez de tildar de “piratas” a los reporteros que, por la naturaleza de sus informaciones o de los medios en los que trabajan, no consiguen las acreditaciones de prensa homologadas por el régimen. Realmente, lo único que diferencia a unos periodistas de otros es que los que laboran en medios corporativos recurren casi siempre solo a fuentes oficiales, ofreciendo cada vez la dubitable verdad oficial; mientras que los informadores alternativos orillan la versión oficial para sumergirse en la realidad de esa lucha de clases que aún algunos dicen que no existe.

Desde el poder tildarán de hecho aislado la agresión a la libertad de prensa que supone la detención de Capín, pero la evidencia de su forma de pensar proyecta una sombra bastante tenebrosa. Tan tenebrosa como la “coincidencia” en el voto del PP europeo y los ultras de Le Pen, cuando el Parlamento de la UE se disponía a aprobar una resolución para que los gobiernos adopten medidas que garanticen la libertad de acción de los periodistas. Los eurodiputados del PP español, junto a los fachas franceses, votaron en contra de la propuesta alegando que apoyar la libertad de prensa “suena muy bonito”, pero que ellos son partidarios de “la autorregulación de los medios” y concluyendo que “cada país ya tiene los órganos adecuados”.

Cuando el PP habla de autorregulación el prefijo auto se refiere a él mismo, al PP y su mayoría absoluta. Y cuando dice que cada país ya tiene los órganos adecuados, en el caso de España se refieren a la Policía; la misma Policía que amenazaba a los periodistas que grabaron las cargas de Atocha del 25S y la misma Policía que hoy a ido a detener a Capín por el único motivo de atacarles con el disparador de su cámara.

#RaúlLibertad

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